Era piquetera hasta que un día agarró la cámara: gana millones por contenido XXX

De estar luchando en la calle a pasar ganar miles de pesos en Internet. Mientras cada vez hay más piquetes y cortes en todo el país, una ex piquetera decidió contar como fue dejar las marchas para convertirse en «influencer sexual».

Silvina Soria es su nombre, aunque en las redes sociales se la conoce como «Silvina Soria diosa»; «Silvina Soria hot»; «Silvina Soria top»; son algunas de sus variantes.

Entre todas sus redes suma hoy casi un millón de seguidores pero lo cierto es que supo tener muchos más. ¿Cómo? Gracias a un video de 15 segundos que alcanzó las 32 millones de reproducciones en Tik Tok en una semana.

En el video en cuestión Silvina simplemente se sienta en la ducha del baño vidriado de un hotel alojamiento y abre levemente las piernas. Tiene un un vestido dorado metalizado, tipo Shakira, y no tiene ropa interior. El video funciona como el porno de antes, en donde había que hacer la parabólica humana para ver: acá los usuarios piden «el VAR», ponen pausa, agrandan la pantalla, vuelven a ver. Cuando se la denunciaron y Tik Tok la dio de baja, esa cuenta tenía 856.000 seguidores.

Silvina tiene 35 años y aunque ahora esté de pie, enfundada en su catsuit importado y frente a un aro de luz, ésta es, usualmente, la hora de su faceta «ama de casa y madre». Está separada y tiene tres hijos -una de 9, otro de 5, la menor tiene 4 años-, y acaba de terminar de prepararlos para ir al colegio y al jardín.

Lo que sigue es la historia de una mujer que se define como «influencer sexual», «modelo de sexo» o «productora de erotismo», aunque su historia comienza en la pobreza y está atravesada por una gran tragedia.

«Cuando tenía 15 años nos empezaron a mandar a los comedores y a los merenderos. Ahí arrancamos con los piqueteros, por la necesidad», cuenta Silvina Soria a Infobae. «Hacíamos pastelitos, tortas fritas, buñuelos y salíamos a vender a las puertas de los colegios y de las fábricas, pero no alcanzaba. Mi mamá nos llevaba a mí y a mi hermana más grande a estos lugares, donde nos daban mercadería: fideos, arroz, aceite, polenta, una miseria».

Silvina y su familia -cuenta- participaban del «Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón». «En ese momento nos llevaban a cortar el puente Pueyrredón por 150 pesos, ese era el monto del plan social», recuerda.

Si bien muchas de estas agrupaciones fueron y siguen siendo redes de contención para cientos de miles de familias sin trabajo, Silvina no guarda buenos recuerdos de su adolescencia:

«Íbamos dos veces a la semana, tres, nos tenían desde la mañana cortando el puente, o ahí donde está el Carrefour de Avellaneda. Íbamos en tren o en micro, nos pasaban a buscar, y estábamos hasta las 5 de la tarde todos parados ahí, también teníamos que ir los sábados. Tenías que faltar al colegio, te morías de calor, de sed», describe, y se abanica la cara con las manos para frenar el llanto.

«Yo me daba cuenta de que no valía la pena, que nos estaban manejando, hasta el gobierno nos estaba usando…pero ¿qué pasaba? Mi mamá estaba metida ahí y como que te lavan el cerebro y también te amenazan: ‘Si faltás al piquete, te sacamos el plan'», agregó. La situación familiar no mejoró y Silvina siguió siendo piquetera durante el 2002 y el 2003.

Se habían distanciado, en el camino, del resto de la familia, porque su abuela vivía en la Ciudad de Buenos Aires y representaba un discurso que todos hemos escuchado: de un lado el «necesitamos comer», del otro «nosotros somos laburantes, necesitamos circular».

Lo explica ella: «Yo no decía en el colegio que era piquetera, me moría de vergüenza. Sentía que yo molestaba a las demás personas que querían pasar para ir al trabajo, llevar a sus hijos al colegio o tenían que ir a hacer algún trámite».

Su recuerdo de aquella época no tiene nada de compasión y es que también está atravesado por la tragedia. Fue volviendo de un corte de ruta -arranca y la voz se le entrecorta- que su mamá fue asesinada. «Fue a acompañar a otra chica que había estado en el corte hasta la casa, y no sé qué pasó, parece que peleó con el padre de esta chica, y el tipo la apuñaló. Fue un femicidio, murió ahí en la puerta de la casa».

Durante los años que siguieron, Silvina se fue convirtiendo en esto que es hoy: una mujer que graba y vende videos eróticos y porno a pedido de sus seguidores, y vende minutos de sexo virtual por videollamada, detalló Infobae.

 

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