Adelantar la elección bonaerense, el plan del kirchnerismo para despegarse de Alberto Fernández

Es el tema que más horas consume en todas las mesas peronistas. Máximo Kirchner, con el aval de Cristina, está moviendo todas las herramientas necesarias para adelantar las elecciones en la provincia de Buenos Aires y que el gobernador se elija en el mes de marzo.

El kirchnerismo cree que esa es la única manera de despegarse de la decadencia de Alberto Fernández y hallar un refugio político si hay un cambio en la Casa Rosada en 2023.

Es el plan que no pudo hacer la Leona”, compara con una dosis de ironía un dirigente de la avanzada kirchnerista. Y se refiere al proyecto que barajó María Eugenia Vidal en 2019 para despegarse del efecto lastre que traía la candidatura de Mauricio Macri a la reelección. La exgobernadora, con el apoyo de Horacio Rodríguez Larreta y la UCR, pretendía adelantar los comicios provinciales y que una victoria bonaerense revitalizara la elección nacional de Juntos por el Cambio. Nadie sabe si hubiera funcionado, pero sí se sabe cómo terminó la elección unificada. Derrotas sin atenuantes, tanto en la Provincia como en la Nación.

¿Por qué Vidal, y ahora el kirchnerismo piensan que se puede salvar la Provincia de una derrota nacional? Muy simple. La elección bonaerense no tiene segunda vuelta y con el 40% de los votos se puede terminar ganando la Gobernación. Es lo que logró Carlos Ruckauf en 1999, venciendo a Graciela Fernández Meijide en la Provincia pese a que el candidato peronista de entonces, Eduardo Duhalde, había sido derrotado por Fernando De la Rua.

Los números de los últimos años ayudan a comprender mejor la estrategia. Vidal fue gobernadora con el 39% de los votos. Cristina, aún perdiendo la elección a senadora de 2017 frente a Esteban Bullrich, obtuvo el 37% en la Provincia. “Con un poco de viento a favor y con que los Barones del conurbano jueguen bien, estamos ahí”, aseguran los dirigentes que recibieron instrucciones para avanzar con la estrategia. Parece sencillo, pero no lo es.

Que los intendentes peronistas del Gran Buenos Aires se sumen a la movida ha dejado de ser una utopía. La idea va ganando espacio entre ellos y mucho más si el candidato a gobernador termina siendo Martín Insaurralde. El intendente de Lomas de Zamora bajo licencia es el preferido de Cristina si no puede ser Máximo Kirchner, a quien los números en las encuestas por ahora lo sacan de esa carrera. La Vicepresidenta y su hijo lo ubicaron como Jefe de Gabinete en la Provincia cuando el descalabro de la gestión de Axel Kicillof precipitó la derrota de noviembre pasado.

Hasta el principal adversario de Máximo en el peronismo bonaerense, el intendente de Esteban Echeverría, Fernando Gray, dijo esta semana en CNN radio que “alguna vez los bonaerenses tendremos que votar por separado de la elección nacional”. A pesar de la distancia que mantiene con el kirchnerismo, Gray no pondrá reparos si se concreta el desdoblamiento provincial.

El mayor obstáculo para la jugada peronista sería conseguir los votos suficientes en la Legislatura Bonaerense para sancionar una ley de adelantamiento electoral. Los números son demasiado finitos: hay empate con Juntos por el Cambio en el Senado y apenas uno a favor para el Frente de Todos entre los diputados.

Martín Insaurralde, uno de los preferidos de la vicepresidenta Cristina Kirchner para liderar la provincia de Buenos Aires. (Foto: NA)
Martín Insaurralde, uno de los preferidos de la vicepresidenta Cristina Kirchner para liderar la provincia de Buenos Aires. (Foto: NA)

Para colmo de males, al oficialismo le acaba de renunciar una legisladora: la marplatense Débora Indarte, que armó un monobloque al que curiosamente bautizó “Unidad para la Victoria”. Por eso, el peronismo necesita de los bloques pequeños para convertir en ley cualquier proyecto. Hay tres diputados del Frente de Izquierda, otros tres de los libertarios de Avanza Libertad, uno que responde al radical Gustavo Posse y otro al bloque 17 de noviembre. “El número se consigue”, explica un legislador del peronismo dejando en claro que habla de dinero.

En todo caso, para Juntos por el Cambio la decisión dependerá de su conveniencia política, que va a determinar básicamente la dirección en que se resuelva su situación interna. La mayoría de sus dirigentes creen que lo mejor es mantener las elecciones unificadas y sacar provecho del deterioro que muestran las encuestas de las imágenes de Alberto, Cristina y Máximo Kirchner.

Claro que no todos piensan lo mismo. El exintendente de San Miguel Joaquín De la Torre, un peronista que acompañó a Vidal y hoy respalda el proyecto de Facundo Manes, fue partidario del desdoblamiento electoral cuando estaba en el poder y lo sigue siendo ahora como opositor. “Si no se diferencian las elecciones de la Nación y de la Provincia, siempre vamos a estar votando a un delegado o a una delegada del Gobierno”, explica el senador.

Hay otra circunstancia que podría abortar el plan K del adelantamiento electoral en la Provincia. Que Cristina Kirchner tome la decisión de insistir con una candidatura. Si la Vicepresidenta se postula, por ejemplo, a senadora nacional, no iría en la boleta adelantada sino en la de los comicios nacionales junto a los candidatos a presidente y vice del peronismo. Una complicación que, por ahora, no tiene solución a la vista.

La jugada kirchnerista del desdoblamiento va en sintonía con el alejamiento de Alberto que van consolidando Cristina y Máximo. Además de presidir la cáscara del PJ bonaerense y acercarse más a los Barones del Conurbano, el hijo de los Kirchner busca hacer pie en la interna sindical. Y es cada vez más sólida su alianza con Pablo Moyano, titular de Camioneros y uno de los tres secretarios generales de la CGT. Ya no son solo selfies sonrientes del dúo al que en el peronismo bonaerense llaman en secreto “los hijos”.

El ascenso de Abel Furlán a la jefatura de la Unión Obrera Metalúrgica no solo desbancó a uno de “los Gordos” más cercanos a Alberto Fernández, Antonio Caló. También marcó el desafío de “los hijos” en ese nervio sensible del peronismo que es la burocracia sindical. Furlán es un aliado de oro para los camioneros de Hugo y Pablo Moyano, y es un gremialista que siempre operó políticamente alineado con “La Cámpora”.

El jefe de Camioneros, Pablo Moyano, y el diputado y líder de La Cámpora, Máximo Kirchner el 30 de marzo, cuando se mostraron juntos en medio de la interna oficialista. (Foto: Infocamioneros).
El jefe de Camioneros, Pablo Moyano, y el diputado y líder de La Cámpora, Máximo Kirchner el 30 de marzo, cuando se mostraron juntos en medio de la interna oficialista. (Foto: Infocamioneros).

El último martes, durante un acto de la Regional Oeste de la CGT en Merlo, Máximo Kirchner se mostró junto a Furlán, a otros referentes sindicales y al ex gobernador Axel Kicillof. “Qué no nos vengan a explicar a nosotros lo que son las situaciones difíciles”, dijo el diputado Máximo, apuntándole al argumento de Alberto Fernández sobre las razones que lo llevaron a acordar con el FMI.

Hasta Kicillof, que mantenía en estos tiempos una postura más conciliadora con el Presidente, también salió a torearlo. “No hay que tener miedo a enfrentar a ciertos sectores”, se envalentonó en una radio partidaria. El Gobernador no se resigna a dejar su proyecto de reelección, pero entendió que su pequeña chance de continuidad es adecuarse a las directivas de Cristina y Máximo.

La gravedad del vínculo entre Alberto y Cristina la ilustra una conversación que tuvieron, hace una semana, el Presidente con Hugo Moyano. El camionero, que va dejando los trapos de la barrabrava en manos de su hijo Pablo, prefiere conservar su relación amistosa con Alberto. Pero no pudo menos que asombrarse cuando el Presidente le dijo: “Lo de Cristina es canallesco”. Se refería al voto en contra del acuerdo con el FMI y al escándalo público de que ni siquiera le atienda el teléfono.

Quizás por eso Pablo Moyano aceptó la invitación de Alberto Fernández para almorzar este miércoles en la Quinta de Olivos. Además de las fotos con Máximo, había participado a la mañana del respaldo gremial en el Senado al proyecto de Cristina para blanquear fondos de bienes no declarados y pagarle al FMI con esa recaudación presunta. Padre e hijo, en definitiva a los Moyano, les sienta bien lo de jugar siempre a dos puntas.

Pablo Moyano almorzó con Alberto Fernández después de mostrarse con Máximo Kirchner. (Foto: NA)
Pablo Moyano almorzó con Alberto Fernández después de mostrarse con Máximo Kirchner. (Foto: NA)

Entusiasmados como están con la ingeniería electoral y la interna permanente, ni Alberto, ni Cristina, ni Máximo ni los Moyano se toman un segundo para mirar más allá de la Argentina. Muy cerca de nuestras fronteras, El presidente recién electo en el Perú, Pedro Castillo, acaba de sortear cuatro pedidos de destitución en el Congreso e intenta hacer equilibrio para escapar del laberinto que conforman la inflación, la pobreza y el estallido social.

Como si el 2001 estuviera tan lejos y no ahí nomás. Apenas a dos décadas para recordarnos la velocidad con la que se viaja desde la normalidad aparente al infierno de los caminos sin salida.

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