El escándalo de los chats de D’Alessandro devela la compleja trama del espionaje en la Argentina

La crisis desatada por los chats filtrados del hoy licenciado ministro de Seguridad y Justicia porteño, Marcelo D’Alessandro, es mucho más profunda de lo que puede verse.

Un prestigioso analista de los que recorren el inframundo de la política, ese que sale pocas veces en los medios, el que el común de los mortales que trabaja y cuida a su familia, desconoce totalmente, el que no imaginaron ni siquiera los guionistas de House of Cards, llamó al mundillo que revelan los chats del ahora licenciado ministro porteño: «D’Alessandría». Pareció ingenioso.

El mundo de «D’Alessandría» es uno que incluso muchos políticos miran de refilón, escuchan hablar, temen y se alejan, solo los más arrojados tienen alguna participación en él. Está desbordado de códigos secretos, palabras sobreentendidas, manejo de influencias, y un mix de estructuras subterráneas que desafían la imaginación.

Los chats difundidos pueden estar adulterados como argumenta Marcelo D’Alessandro, o no, eso será materia de prueba judicial, pero en todo caso revelan una serie de tramas verosímil, que a la vez enlazan personajes que realmente están vinculados dentro de ese inframundo.

Tal como pudo verse en anteriores «filtraciones» de inteligencia, como la reunión de Lago Escondido, o el encuentro filmado que organizó el ex ministro de Trabajo de la Provincia de Buenos Aires, Marcelo Villegas, en la que se lo escuchó decir que hubiese querido armar una Gestapo para cazar al sindicalista Juan Pablo «Pata» Medina, estos entrelazamientos entre empresarios, medios, jueces, políticos, agentes de inteligencia y operadores, son una constante, el poder no visible que en muchos casos dicta los destinos de la política argentina, al margen de lo que voten los ciudadanos.

Es un poder casi permanente, independiente de la democracia, plagado de personajes que participan de dicha manipulación desde hace añares. Casi podría decirse que el momento fundacional del sistema de gobierno paralelo, se inició con la administración de Carlos Menem, al menos, el hasta hoy vigente.

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La crisis por los chats filtrados del ministro de Seguridad y Justicia porteño, Marcelo D’Alessandro, es mucho más profunda

Chats filtrados: ¿la crisis es más profunda de lo que parece?

 

Lo que ocurrió con el caso D’Alessandro fue una operación más. Sea que se hayan difundido mensajes reales o adulterados, su difusión, la crisis desatada, la conmoción que causó en el gobierno y el bunker de campaña de Horacio Rodríguez Larreta y la posterior licencia del ministro, que no es una renuncia inmediata, pero si un fuerte golpe político, es también una operación emanada de esa batalla entre factores de poder no expuestos al público.

D’Alessandro no es cualquier ministro. La fuente de su poder es exógena a sí mismo. Llega al sitial donde está de la mano de su mentora y según dicen: «madrina». La «Chuchi», María Romilda Servini de Cubría, la poderosa jueza federal con competencia electoral de la Capital, que es la soberana máxima de los procesos electorales presidenciales.

Según la normativa electoral, el país, en las elecciones presidenciales, se constituye en distrito único, y la máxima autoridad es el juzgado con competencia electoral de la Capital Federal, es decir: la «Chuchi» o a decir del entrañable Tato Bores, «la jueza baru budu budía» que «es lo más grande que hay».

Con el tiempo D’Alessandro construyó su propio perfil y consiguió formar parte de esa maraña de poder. «Esto es lo que hay. Desentramarlo es imposible, las redes de relaciones no terminan nunca y no es nuevo. Lo que es nuevo, es que se expongan con chats, eso muestra el grado de confusión en el que entraron todos, la modernidad mezclada con la soberbia está empezando a exponerlos permanentemente», dice una fuente que participa del diseño de poder paralelo..

Y agrega que «antes nadie se animaba a hablar estas cosas por teléfono. En un momento la aparición de los handies dio cierta sensación de impunidad. Después, la supuesta comunicación inviolable punto a punto de los blackberrys parecía asegurar las comunicaciones, y después se masificó todo. Ahora, el operador que va a ver a un juez, después a un empresario y después a un político en forma personal y en un ambiente reservado, se cambió por un par de chats, y esto termina siendo la peor amenaza del sistema», dice una fuente que participa del diseño de poder paralelo.

Todos hemos visto alguna película norteamericana donde el poder al margen de la política, es el poder real que manipula las decisiones al margen de cualquier influencia ciudadana. La Argentina no es ajena a ese entramado, al contrario, es probablemente, el campo donde ese inframundo tiene mayor influencia. A menor peso de la institucionalidad, mayor la capacidad operativa de ese mundo subterráneo.

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El ministro Marcelo D´alessandro pidió licencia tras la filtración de los chats

Los servicios de inteligencia

 

El peso de los servicios de inteligencia en todo esto es enorme. «En la SIDE (ahora AFI), hay como capas geológicas. Están los espías que se formaron al amparo del gobierno de (Raúl) Alfonsín, los más bravos en la gestión de (Carlos) Menem, los pocos que quedaron de (Fernando) De la Rúa, y los que vinieron con (Eduardo) Duhalde y los Kirchner. Muchos de ellos fueron desafectados, pero mantienen poder operativo», dice una fuente que llegó a tener un altísimo cargo en el organismo de inteligencia civil.

Y señala que «algunos que ya no están en la nómica formal, todavía son considerados como inorgánicos y pasan a cobrar todos los meses y acercan su información. Muchas veces, esa información es falsa o interesada, se lleva buscando un fin relacionado con intereses del propio espía o sus clientes externos. La trama del espionaje en la Argentina es verdaderamente ingobernable, porque es un total desorden, nadie sabe quien opera para quien, y si lo descifrás, mañana está operando para otro»

D’Alessandría surge de un hecho puntual que intencionadamente salió a la luz, pero es un mundo paralelo y aparentemente irreversible que nos gobierna al margen de la ley, las elecciones y cualquier mecanismo de contralor civil que se pueda instrumentar.

E - GRUPO CLAN