El kirchnerismo y aliados de Latinoamérica frustraron una resolución contra Rusia en la Eurolat

La asamblea de parlamentarios de Europa y América Latina (Eurolat) que se realizó en la Cámara de Diputados de Argentina no logró un consenso para aprobar una resolución conjunta contra la invasión de Rusia a Ucrania.

Para no quedar pegados al ataque de Vladimir Putin, fue necesario incluir un repudio a la guerra en la declaración de los copresidentes, que además incorporó un pedido de negociación por Malvinas, considerado un éxito diplomático por la delegación argentina.

El consenso para condenar a Rusia se frustró porque un grupo de legisladores latinoamericanos, la mayoría referenciados en partidos progresistas, se negó a votar con los europeos y quiso imponer una resolución propia.  Los argentinos de ese sector estaba vinculados al kirchnerismo, como Julia Perie, Elena Corregido y Oscar Laborde.

Interesados en alcanzar un acuerdo, los europeos habían desechado su resolución original, firmada por Leopoldo López, padre del homónimo activista venezolano, que contemplaba sanciones a los aliados «transatlánticos» de Rusia.

Y propusieron votar otra que alude a la resolución emitida hace una semana por el consejo de derechos humanos de la ONU para expulsar a Rusia, que contó con el respaldo de Argentina, actual presidente del organismo.

Pero los considerandos que se agregan no agradaron a los latinos díscolos. El intento lo hizo el español Javi López, presidente de Eurolat, y contó con la firma del senador radical Alfredo Cornejo.

Nosotros estamos a favor de la paz, no de la guerra de ningún tipo. Somos parlamentarios y tenemos esa definición.

Pero ni esa alternativa convenció al eje latinoamericano, que incluye a legisladores del Mercosur y la comunidad andina, pero tiene entre sus referentes es el copresidente de Eurolat Oscar Pérez, cercano al colombiano Álvaro Uribe, quien luego explicaría que su país no puede romper relaciones con Rusia por le permite sembrar alimentos.

 

«Nosotros estamos a favor de la paz, no de la guerra de ningún tipo. Somos parlamentarios y tenemos esa definición», simplificó la chaqueña Corregido ante LPO y aclaró que no hubo llamados de cancillería para torcer el voto.

 

La resolución de la mayoría latinoamericana condena la «agresión» de Rusia a Ucrania, como también cualquier tipo de violación a los derechos humanos (En la de los europeos, se hace mención específica al gobierno de Putin) y llama a una salida pacífica.

 

Ninguna resolución prosperó porque la votación se realiza por separado entre los parlamentarios de cada continente y sólo quedan aprobadas si en ambas triunfa el positivo.

La propuesta de los europeos estuvo cerca, porque logró el apoyo casi unánime de ese continente (sólo la rechazó una comunista portuguesa), mientras que entre los latinos hubo 17 a favor y 22 en contra.

Entre la minoría que respaldó estuvieron los senadores Adolfo Rodríguez Saá, del Frente de Todos y presidente de la Comisión de Relaciones exteriores; y la radical Silvia Giacoppo, cercana a Gerardo Morales. Habían firmado la resolución con la mayoría latina pero una vez en el recinto levantaron la mano con los europeos.

Cornejo se acercó a reprocharles no haber impuesto una votación horizontal que los dejara mejor parados. Luego lo repitió en el recinto. «No puede ser que no podamos repudiar la guerra por una cuestión reglamentaria», se lamentó.

El dato de color lo aportó una vez más Fernando Iglesias, del PRO, quien quiso hablar pero no se lo permitieron por no ser asambleísta.

En la declaración final se condenó la invasión de Rusia a Ucrania, pero los argentinos lograron también que incorpore un artículo que pida cumplir la resolución de la ONU que obliga al Reino Unido a negociar la soberanía de las Islas Malvinas.

Para salir del encierro, los asambleístas le concedieron a los presidentes de Eurolat incluir el tema Ucrania en la declaración final y así lo hicieron, con una condena a la «ilegal, no provocada  injustificada agresión militar e invasión cometida por la Federación de Rusia contra Ucrania en clara violación de la Carta de las Naciones Unidas».

No hubo problemas para aprobar otras resoluciones sobre medioambiente, género, trata de personas, plataformas digitales, multilateralismo, seguridad, narcotráfico, blanqueo de dinero, educación, derechos sexuales y reproductivos. Hubo rechazos a mano alzada, pero fueron minoría.

El contingente argentino obtuvo un rédito en medio de tanta disputa: la declaración también incluyó un pedido al Reino Unido para sentarse a negociar la soberanía de las Islas Malvinas, como indica la resolución 2065 de la ONU.

La cancillería celebró ese logro, un indicio de las oportunidades diplomáticas que se abrieron para el país con la salida del Reino Unido de la Unión Europea. La mención había sido gestionada por el secretario de Malvinas Guillermo Carmona,  en una reunión con Rodríguez Saá, Giacoppo, el senador uruguayo Daniel Caggiani y los diputados españoles Jordi Cañas, José Manuel García-Margallo y Mónica Silvana González.

El resto de la declaración refiere a la necesidad de colaboración para combatir los desafíos económicos que dejó la pandemia, con un aumento de la pobreza en América Latina. También apunta a profundizar políticas de género y de economía circular, que fueron parte de los plenarios realizados el miércoles en el Centro Cultural Kirchner.

Allí también se abordaron problemáticas como la participación de la sociedad civil, un plenario que coordinó Cornejo junto al líder de la UOCRA Gerardo Martínez, quien rechazó un acuerdo económico con la Unión Europea y se cruzó con varios parlamentarios de todas las latitudes, preocupados por el avance de China.

La guerra había sido parte del inicio de la sesión, con una declaración por zoom de Josep Borrell, alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. Y volvió en los discursos de cierre, cuando Díaz y Pérez se sacaron chispas por no alcanzar un consenso para la resolución conjunta contra Ucrania.

Antes hablaron Rodríguez Saá y el diputado del Frente de Todos Eduardo Valdés, como presidentes de las comisiones de Relaciones Exteriores. Valdés recordó la condena de Argentina a Rusia en 2014 por la anexión a Crimea, mencionada por Cristina Kirchner el miércoles en la inauguración del evento. «Malditos los que usan las armas y malditos los que la venden, porque son los que hacen las guerras», citó el diputado al Papa Francisco, otro tiro por elevación a las potencias europeas y a Estados Unidos.

Pero la expectativa estaban en el duelo de los copresidentes por la resolución frustrada. «Tenemos responsabilidad de encontrar acuerdos. Somos consenso y disenso. Debiera haber espacio para todo. Las cámaras tienen la obligación de llegar a acuerdos y esta cámara también lo tenía. El diálogo no sólo es hablar. También es escuchar. Pero el acuerdo se construye mediante la empatía y la confianza», sostuvo el español.

«Nosotros con el lenguaje de la imposición no nos sentimos cómodos. Queremos que el mundo no funcione por la fuerza. La libre soberanía de los pueblos. Siendo honestos: corremos el riesgo de que la lógica del mundo nos empuje a la periferia. A todos», agregó.

El colombiano se lamentó por la falta de acuerdo, pero explicó que la función de la Eurolat es que «lo que es asimétrico lo hagamos simétrico» y propuso condonar la deuda pública de países pobres con organismos internacionales, un guiño al gobierno de Alberto Fernández.

Sostuvo que los europeos no conocen el problema de «la deuda, porque tienen presupuestos frondosos. Lo contrario a nuestros países, que tuvimos que elevar el gasto social en pandemia, para que la gente no muriera de hambre».

Contó que el 35% de los insumos agropecuarios de Colombia provienen de Rusia y por lo tanto no le pueden pedir romper relaciones. «Vamos a sembrar con menores niveles de eficiencia. Eso implica menor producción. Vamos acceder a una situación muy grave», sostuvo.

«Lo único constante es la deuda. No hay ninguna economía de América Latina que no esté afectada por un enorme déficit fiscal. Los países que entran en default no es porque quieren. ¿Qué es eso de poner calificadoras de riesgo y ahuyentar la inversión?», reprochó.

«Ustedes no viven las dificultades que estamos viviendo nosotros. Les pediría que sean nuestros voceros. Nos deben ayudar. Tienen capacidad económica. Son socios de varios organismos internacionales como el Banco Mundial, el Banco Interamericano, el FMI. Eso que dijimos que parte de la deuda pública se condone y se compense en parte de la inversión social no es una propuesta ni indebida ni imposible, sino un propósito que todos deberíamos emprender», cerró.

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