La crisis brasileña profundiza la grieta argentina: Cristina y Macri se acusan de adherir a métodos antidemocráticos

El grave conflicto político de Brasil tiene su capítulo argentino. No es algo nuevo, por cierto: ya durante toda la campaña electoral el kirchnerismo hizo un intento evidente de equiparar a los seguidores de Jair Bolsonaro con el macrismo. Pero ahora, después de la insurrección que se tradujo en los asaltos a los edificios de los poderes públicos en Brasilia, esa «argentinización» de la situación política brasileña se hizo más evidente.

Luego de conocida la noticia sobre la invasión de los militantes bolsonaristas al palacio de gobierno, al parlamento y al supremo tribunal federal, y la posterior decisión de Lula Da Silva sobre la intervención federal de Brasilia, comenzó un clásico argentino: la batalla sobre la interpretación política de lo que había ocurrido y la carrera por influir sobre la opinión pública argentina.

La más explícita, como siempre, fue Cristina Kirchner, que planteó la existencia de una conspiración. Recordó que lo ocurrido en Brasilia guarda similitudes con el asalto al Capitolio en Washington por parte de los partidarios de Donald Trump, ocurrido hace dos años.

Y, después que Lula calificara como «fanáticos fascistas» a los insurrectos, Cristina convocó a «un análisis profundo y descarnado» sobre el efecto que generan los discursos de odio en medios de comunicación y redes sociales.

«No basta con el imprescindible repudio o la necesaria condena», planteó Cristina, quien hizo un paralelismo de esta intentona golpista con su propia situación personal, al recordar que uno de los efectos de la pelea política puede llegar a los atentados a los líderes de fuerzas progresistas.

El mensaje entrelíneas de la líder kirchnerista es claro, y se conecta con su autoproclamada situación de «proscripción» tras el fallo condenatorio en la causa judicial «Vialidad». La vicepresidente reclamó al Gobierno y a la militancia peronista una respuesta política más contundente ante su revés judicial, ante lo cual siguió la iniciativa de Alberto Fernández de llevar a juicio político a los jueces de la Corte Suprema de Justicia.

 

Pero Mauricio Macri no quiso que quedaran dudas sobre su eventualidad neutralidad ante la situación -que, en definitiva, podría ser interpretada como un gesto de simpatía a los golpistas- y salió a disputarle a Cristina la legitimidad para proclamar la solidaridad con Lula.

«No debemos olvidar que el kirchnerismo que hoy se muestra conmocionado por los sucesos en Brasil es el mismo que en 2017 organizó, promovió y protagonizó el asalto violento al Congreso de la Nación Argentina», escribió Macri en las redes sociales, en un recordatorio de la violenta sesión parlamentaria en la que se trató la nueva fórmula de indexación jubilatoria durante su gestión.

«La democracia y las instituciones tienen que ser respetadas siempre y en todas partes. Porque primero destruirán a las instituciones, después destruirán la libertad y la vida», agregó el líder opositor.

Cristina refuerza el discurso anti «lawfare»

 

Cristina Kirchner ya había trazado desde hacía tiempo un paralelismo entre su situación judicial y la que vivió el presidente Lula, que pasó por prisión, condenado por corrupción en la causa «Lava Jato» y posteriormente liberado cuando el juicio fue declarado nulo por mal desempeño de juez y fiscales.

Por lo pronto, la vuelta de Lula implica para Cristina una legitimación internacional para su tesis del «lawfare». Para el kirchnerismo, este es el detalle esencial: Lula se presentó en su discurso como una prenda de paz y unidad nacional, como una persona que había sufrido persecución y aun así no volvía con ánimo revanchista, sino como pacificador de un país que sufrió una violenta grieta.

La analogía entre la situación judicial y política de Cristina con Lula ha sido una constante desde que el líder del PT ganó la elección en el país vecino. El inédito interés y la consiguiente cobertura mediática que se realizó sobre ese comicio estaba alentada por ese paralelismo: Lula se reivindicó mientras el juez Sergio Moro cayó en el descrédito, después de haber sido celebrado como un héroe nacional, de haber sido ministro de Justicia y hasta pre candidato presidencial.

Y uno de los elementos determinantes para la liberación de Lula fue la filtración de mensajes de Telegram entre el juez Moro y el fiscal del caso «Lava Jato». Ahí se evidenció que, lejos de ser imparcial y apartidario, el ministerio público había actuado con criterio político y no había puesto en consideración hechos que favorecían la defensa de Lula.

Es por eso que, entre los muchos mensajes de solidaridad que recibió Cristina tras el fallo condenatorio, el más festejado fue, precisamente, el del presidente brasileño: «Mi solidaridad con la vicepresidente de Argentina, Cristina Kirchner. Vi su manifestación de que es víctima de lawfare y sabemos bien aquí en Brasil cuánto esa práctica puede causar daños a la democracia. Hago votos por una justicia imparcial e independiente para todos y por el pueblo de Argentina».

Cristina Kirchner intenta establecer una conexión entre la situación de Lula y su

Cristina Kirchner intenta establecer una conexión entre la situación de Lula y su «proscripción» en el marco de la causa Vialidad

 

Ahora, la estrategia de Cristina es aprovechar el juicio político contra la Corte Suprema para instalar el nuevo mantra del kirchnerismo: «El lawfare es contra vos». La argumentación es que, lejos de tratarse de un tema que solamente afecte a las cúpulas políticas, la politización de la justicia afecta a los trabajadores.

La propia Cristina puso ejemplos al respecto -como la anulación del decreto que declaraba «servicio público» a la conexión a Internet y, por lo tanto, regularía sus tarifas- y pugna por establecer una conexión entre los jueces de la Corte y los «poderes concentrados» empresariales. Fue gráfica en ese sentido al plantear cuál es, a su entender, el verdadero objetivo final que tiene la herramienta del «lawfare».

«La TÁCTICA: las causas armadas, las condenas y las proscripciones. La ESTRATEGIA apunta al gran y verdadero objetivo, llenar de guita los balances de las corporaciones que controlan lo que cuestan tus alimentos, tus servicios, tus medicamentos y tu alquiler. O sea… La imposición de políticas económicas y de decisiones sobre la vida cotidiana de millones de argentinos por un medio que no son los votos», escribió la semana pasada en sus redes sociales.

Cambia el clima de la visita de Lula

 

Lo cierto es que la situación de Brasil le está dando a Cristina una oportunidad de revitalizar su prédica contra el «lawfare», después de las dificultades que encontró sobre fin de año, cuando la euforia por la victoria mundialista la llevó a suspender dos veces el encuentro del grupo de Puebla en el que líderes de la región plantearían su solidaridad con la «proscripción» de la líder kirchnerista.

Por lo pronto, Lula confirmó su presencia en Buenos Aires para el 23 de enero, cuando arribará para entrevistarse con Alberto Fernández antes de la reunión de la CELAC. Es seguro que, después de lo ocurrido en Brasilia el domingo, el clima en el que se realice esa reunión cambiará drásticamente: pasará de ser un encuentro de diplomacia regional con los visos formales de la ocasión, a ser un foro de respaldo a las democracias y de respaldo a las intentonas golpistas.

El presidente argentino estuvo entre los primeros que manifestaron su solidaridad. «Demostremos con firmeza y unidad nuestra total adhesión al Gobierno elegido democráticamente por los brasileños que encabeza el presidente Lula. Estamos junto al pueblo brasileño para defender la democracia y no permitir nunca más el regreso de los fantasmas golpistas que la derecha promueve», escribió Alberto Fernández poco después de las 17 horas, cuando las imágenes de cientos de personas invadiendo el Congreso de Brasil se multiplicaban a través de las redes sociales.

Mandatarios de la región y de grandes potencias, incluyendo al estadounidense Joe Biden, coincidían en el rechazo a la insurrección.

Y, mientras tanto, el debate del momento entre los analistas políticos es cuál es el significado profundo de lo ocurrido. ¿Se trata apenas de un grupo militantes radicalizados sin asidero político que, en definitiva, no implican un riesgo para la democracia? ¿O lo visto es apenas la punta del iceberg de un malestar en las fuerzas armadas brasileñas, que ven estos incidentes con simpatía?

Lula y Aberto Fernández se reencontrarán en Buenos Aires el 23 de enero, en una reunión que estará marcada por la intentona golpista

Lula y Aberto Fernández se reencontrarán en Buenos Aires el 23 de enero, en una reunión cuyo clima estará marcado por la intentona golpista

 

En Argentina, el sector cercano a Cristina no tiene dudas en su diagnóstico sobre una conspiración. Considera que lo ocurrido es un mensaje con el objetivo de condicionar la gestión de Lula y que supone un desafío para la gobernabilidad del país vecino.

La insistencia de Cristina respecto de que siempre detrás de estos incidentes hay financiadores, instigadores y autores intelectuales que tienen objetivos políticos traza, otra vez, el paralelismo de la situación brasileña con la que ella misma describe para la escena política argentina.

La incomodidad en el PRO

 

Mientras tanto, la situación brasileña dejó al desnudo, también, las diferencias existentes en la fuerza opositora Juntos por el Cambio. Así, mientras Horacio Rodríguez Larreta emitió un mensaje de repudio al intento golpista, Patricia Bullrich se limitó a criticar a Alberto Fernández, lo cual dejó una nota de suspicacia respecto de su postura sobre la situación brasileña.

Lo cierto es que resultó inevitable, al menos en las primeras horas posteriores a la crisis brasileña, percibir la incomodidad y dificultad para articular un discurso único en la coalición opositora, en la cual hay dirigentes que no habían ocultado su simpatía hacia Jair Bolsonaro durante la campaña electoral.

La primera comunicación de Bullrich resultó ambigua: «Demócratas con otros países y autoritarios aquí», tituló su mensaje, en alusión al tuit que había publicado antes el Presidente.

«Aquí, quieren tomar la Corte Suprema de Justicia y destruyen al Congreso con 14 toneladas de piedras. El día que retire el pedido de juicio político a la Corte, puede opinar sobre lo que sucede en Brasil», agregó la precandidata del PRO.

Fue recién sobre las 21 horas que llegó la publicación de Macri, que terminó de redondear una declaración explícita de repudio de la oposición a la situación brasileña.

En todo caso, el debate recién empieza: la interpretación sobre lo que ocurre en Brasil y de quién son las culpas de la conspiración golpista ya pasaron a formar parte de la agenda de la grieta política argentina.

E - GRUPO CLAN