La designación de Caserio en el Banco Nación aceleró las fricciones en el FdT cordobés

«No hay una extinción del Frente de Todos en Córdoba, pero sí una fractura expuesta. No tiene reparación el kirchnerismo cordobés». La frase la lanzó en el comienzo de la semana un dirigente del oficialismo nacional en Córdoba, tras conocerse la designación del ex senador Carlos Caserio como vicepresidente del Banco Nación.

Desde hace semanas se conocía que uno de los hombres del presidente Alberto Fernández en Córdoba iba a arribar a ese despacho. Como también era conocido que el ex socio político de José Manuel de la Sota y del gobernador Juan Schiaretti estaba al aguardo de algún rédito tras haber sido el candidato del Frente de Todos al Senado en las elecciones del año pasado. Comicios en los cuales, el kirchnerismo obtuvo uno de los peores resultados en Córdoba y el hombre de Punilla terminó quedando afuera de la Cámara alta tras seis años en la banca.

Ahora, las críticas dentro del kirchnerismo cordobés vinieron desde los sectores más duros y fueron varios los mensajes cruzados en los grupos de WhatsApp donde incluso hay algunos integrantes del oficialismo nacional en el Congreso de la Nación.

«Hay tres o cuatro grupos de WhatsApp en los que estamos todos y vemos cómo impactó la designación de Caserio. Es cierto que se sabía de antemano, pero hasta que no se confirma, las críticas no llegan. Al final, nos terminamos derechizando, nos corrimos a un PJ más duro, no nos trajo ningún beneficio y los cargos son para ellos», dijo un cristinista en Córdoba en un cuestionamiento que no incluye solo al exsenador. También hay dardos para la concejala y exesposa de De la Sota, Olga Riutort, quien podría recalar en los próximos días al frente de la delegación cordobesa de Pami, posibilidad a la que algunos le ponen paños fríos.

Lo de Riutort se podría producir porque Rubén Ovelar, un hombre de Caserio, dejó ese cargo para volver a la intendencia de La Cumbre, en el valle de Punilla.

Martín Gill y Juanchi Zabaleta.

En tanto, y retornando a las fricciones que se viven en el seno del FdT cordobés, también esto quedó en evidencia con las últimas visitas de funcionarios nacionales a la provincia. En cuestión de días bajaron a Córdoba, el secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla; y el ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, y las fotos, al igual que las presencias, fueron aisladas.

«Lo que pasa es que impacta la interna nacional. Entonces, evalúan a quién responde el que viene. Como también pasa que hay veces que deciden no viajar para no generar más tensiones con Schiaretti, porque creen de manera ilusa que queda alguna chance de acercamiento», confió a LPO un ultra cristinista.

Hay tres o cuatro grupos de WhatsApp en los que estamos todos y vemos cómo impactó la designación de Caserio. Es cierto que se sabía de antemano, pero hasta que no se confirma, las críticas no llegan. Al final, nos terminamos derechizando, nos corrimos a un PJ más duro, no nos trajo ningún beneficio y los cargos son para ellos.

La división entre los jugadores de Alberto y de Cristina en Córdoba está clara. Caserio es un hombre del Presidente, al igual que el intendente de Villa María, Martín Gill, y el diputado nacional, Eduardo Fernández. En tanto, los otros integrantes de la Cámara baja, Gabriela Estévez y Pablo Carro, responden a Máximo K. y Cristina.

Sin embargo, hay transversalidad. Hay albertistas cordobeses que no quieren chocar con Schiaretti como Gill -algo que fue muy criticado por Caserio en los últimos días-; y también hay sectores de La Cámpora, con Estévez a la cabeza, que tienen diálogo con el intendente cordobés, Martín Llaryora.

Con respecto al vínculo entre Gill y El Panal, el propio Caserio lo cuestionó con dureza tras la interna del PJ en Punilla, el único departamento que quedó en manos del FdT y donde el exsenador decidió ir contra Schiaretti. Del distrito, el schiarettismo ganó Villa Carlos Paz, pero el albertista conservó su poder y tildó de blandos a aquellos que sostienen su relación con Schiaretti. «Él (por Gill) debe decir si quiere seguir o no dentro del proyecto nacional y acompañar al Presidente», dijo en una entrevista en Canal 10.

Gill, por su parte, decidió no confrontar con Caserio y pivotea entre su relación con Schiaretti -«institucional», como la califican en Villa María- y el recibimiento de dirigentes del FdT. El fin de semana fue anfitrión de Zabaleta y este martes recibió al gobernador chaqueño, Jorge Capitanich, quien también se mostró con Schiaretti.

El último intento de unidad en el FdT cordobés se produjo por la movilización del 24 de Marzo. Había posibilidades de marchar separados, pero una serie de llamados entre algunos integrantes de La Cámpora y dirigentes del colectivo Más Democracia motivó la marcha conjunta. Después de eso, volvió la tensión.

«Hay muchas diferencias: nuestros diputados votaron distinto el acuerdo con el FMI (Fernández acompañó, Estévez rechazó y Carro se abstuvo) y todo parece indicar que vienen tiempos para seguir defendiendo la calle. ¿Ellos qué van a hacer?», lanzó un dirigente.

Casi en la misma sintonía se expresaron los sectores que en Córdoba responden a Juan Grabois. «No nos sirvió sumar PJ. Ellos se quedaron con todo, la militaron poco y no nos trajeron votos», dijo un conocedor de la Ctep en Córdoba que también criticó la designación de la delasotista María Laura Labat en Transporte en diciembre pasado.

 

 

 

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