Los sueños de Graciela Sosa, la mujer que conoció el mar el día que despidió a su hijo

“Todavía recuerdo cuando nació. ‘Señora, mírelo fijamente para que nunca olvide su rostro’, me dijo la enfermera. Media 55 centímetros y pesó 5 kilos 750. Era un ángel. Él trajo la alegría a nuestra vida. Era todo felicidad”, contó Graciela Sosa en su testimonio ante el tribunal en el primer día del juicio por el crimen de Fernando Báez Sosa.

En 1995, la mujer llegó a la Argentina desde su Paraguay natal en busca de un futuro mejor. Comenzó a trabajar como cuidadora de adultos mayores y, tiempo después, conoció a Silvino Báez, un compatriota que se ganaba la vida como obrero de la construcción. El 2 de marzo de 2001, Graciela cumplió el sueño de ser madre.

Fernando creció viendo el sacrificio de sus padres por salir adelante. “A los dos años lo tuve que mandar a una escuela porque yo trabajaba cama adentro y Silvino vivía en la provincia de Buenos Aires. Nos veíamos cada fin de semana”, relató la madre en aquella primera audiencia en Dolores.

El joven intentó honrar el legado de Graciela y Silvino. Y fue un estudiante comprometido con un futuro que nunca llegaría: mientras cursaba el último año de sus estudios primarios, ganó una beca para asistir al Colegio Marianista, en el barrio porteño de Caballito. Allí conoció a su novia, Julieta Rossi, y a los amigos que todavía lo lloran.

En esas vacaciones que se regaló tras haber aprobado el CBC para iniciar la carrera de Derecho en la Universidad de Buenos Aires, Fernando se topó con la brutalidad de un grupo de jóvenes de su misma edad tras un incidente menor en el boliche Le Brique, en Villa Gesell. Un patota integrada por rugbiers del Club Náutico Arsenal Zárate lo emboscó a la salida del local bailable y le arrebató la vida a golpes y patadas.

El crimen de Fernando ocurrió en la madrugada del 18 de enero de 2020. Desde entonces, las vidas de sus padres quedaron en pausa.

Graciela Sosa y Silvino Báez, padres de Fernando. (Foto: Télam)
Graciela Sosa y Silvino Báez, padres de Fernando. (Foto: Télam)

“Gracias, mi amor, por habernos dado tanta felicidad durante 18 años”

La mamá de Fernando tenía otro sueño: conocer el mar. En enero del año pasado, en una visita al lugar donde mataron a su hijo, Graciela sintió un sabor amargo cuando colocó los pies sobre la arena. “Hubiera sido distinto si estuviese él”, dijo conmovida.

“Venir los dos acá es levantar un poco de fuerza y estar fortalecidos para que cuando llegue el juicio estemos de pie. No es nada fácil, cada día que pasa es peor. No hay ni existe día en que deje de llorar a mi hijo. Lo mataron de una manera tan cruel que estar en este lugar, donde estuvo con vida por última vez, es muy fuerte para mí”, agregó entonces junto a Silvino.

Esta semana terminaron las audiencias del juicio. Y también se cumplieron tres años del día en que mataron a Fernando.

“Gracias, mi amor. Gracias, mi vida, por habernos dado tanta felicidad durante 18 años”, dijo Graciela con la voz quebrada el jueves, en el acto en homenaje a su único hijo. “Te amo, Fernando. Con toda mi alma. Es lo mejor que Dios me ha dado, era mi alegría, mi compañerito. Hoy me quedé sin todo eso”, siguió.

La mujer contó las sensaciones que atravesó en estos días: “Cuando en el juicio vi cómo le pegaban a mi hijo, como madre tenía el deseo de tirarme encima suyo para evitar que lo golpearan”.

Y concluyó con un pedido de justicia: “No queremos venganza. Solo que (los acusados) paguen lo que le hicieron a mi hijo”.

E - GRUPO CLAN